Aventureros

En viaje a la "Patagonia rebelde"

El contexto de finales del año 2001 fue de estallido social y de un pedido puntual: “que se vayan todos”. Encarar un viaje en esos tiempos, para muchos, era darse un lujo. Aunque siempre hay excepciones a la regla, y yo soy una de ellas.

Foto Guadalupe Carril
Foto Guadalupe Carril

Luego de unas semanas de marchas y anhelos de justicia social, me dispongo a contarles la historia de mi primer visita a la Patagonia, justo, después del caos institucional que sufría Argentina en diciembre del 2001.

Casi como en la actualidad

Sigo pensando que, para que las cosas cambien, hay que expresarse y hacerse oír, una de las armas más fuertes que tenemos los seres humanos es la educación y la memoria. En aquel año de cacerolazos y helicópteros, por televisión se informaba como, desde los diferentes barrios, la clase media y baja se unía por medios de ollas y sartenes marchando por la Avenida Rivadavia hasta el Congreso de la Nación.

Foto Guadalupe Carril
Foto Guadalupe Carril



Hoy, no tenemos esa suerte, los medios no comunican y la agenda periodística de los canales, radios y diarios masivos se hallan mostrando una realidad a la que le falta mucho para ser real. Protestas multitudinarias de las que nadie habla, compras de armamento que parecen importar más que los salarios docentes y, al igual que aquel entonces, un clima de incertidumbre donde ninguna fórmula pareciera dar éxito para el bienestar social y económico del país.

Después de vivir aquel 19 y 20 de diciembre sentí que la revolución estaba sucediendo. Saqueos, el congreso incendiado, el presidente huyendo por los techos de la casa de gobierno, y yo: formando parte de las filas de personas autoconvocadas que marchábamos pidiendo “que se vayan todos”. El corralito había hecho difícil la posibilidad de salir del país o de pensar un viaje en moneda extranjera. Pero la realidad de muchos no era ni con ahorros en dólares, ni con salarios bancarizados.

Los que vivíamos en medio de una precarización laboral, cobrábamos en negro, sin conocer los verdes billetes y sin pasar por una cuenta bancaria. Mi salario mensual era de $500, y aunque no llegaba a los 200 USD, ese monto era mi arma para enfrentar al mundo. Como siempre supe: “a las armas las carga el diablo”, y con la justificación de la crisis, el patrón de la clínica donde trabajaba decidió dividirme la jornada y el sueldo. De esa manera, mi remuneración pasó a ser $250(menos de 100 USD) para enero del 2002.

Cuando uno tiene 21 años y lleva una vida austera todo es posible, hasta con $250. Recorriendo y analizando todas las opciones, con la eventual suerte de tener muchos amigos y conocidos que practican la divina teoría del dar, del recibir y del intercambio cultural; con todo eso a mi favor, viajar al sur del país se hizo realidad.

Unos pesitos guardados, casa de amigos, hostales de bajo costo y una aerolínea en quiebra que nadie quería usar pero que tenía precios super accesibles para seducir y conseguir clientes. Si. Luego del trágico accidente de 1999, LAPA había pedido la quiebra a mediados del 2001. Para enero del 2002 seguía funcionando con pocos aviones y vuelos muy baratos.

Patagonia rebelde

Una oferta a Calafate y podría conocer los glaciares del fin del mundo. ¿Cómo recorrer la ciudad, qué hacer allá además del Parque Nacional y el Perito Moreno? Las respuestas y recomendaciones llegaron solas: “Calafate es muy caro, andá a Chaltén”, esos fueron los primeros consejos para “bancar” la estadía. Era verdad, Calafate, en ese entonces, era mucho más costoso que Chaltén. Aunque con una carpa y varias latas de comida se podía soportar el peso de la crisis financiera.

Foto Guadalupe Carril
Foto Guadalupe Carril



Cabe aclarar que en esos años, la zona era mucho más virgen y menos explotada por el turismo extranjero que en los 10 años siguientes. Por lo tanto, los precios eran incomparables con los valores que se manejan en la actualidad. Los campesinos se distinguían ferozmente de la gente de ciudad, el calor de los nativos hacían los mates más amables y el pan de campo más rico. Poquito a poco, la fría Patagonia se volvía cálida y fácil de mochilear.

De princesas y ogros

Mientras los presidentes de la Argentina cambiaban como figuritas de álbum de niños, en Holanda, la hija de Jorge Zorreguieta estaba por casarse con el Principe de Orange. Toda la información que obtuvimos en mi viaje al Sur fue trazada por la falta de tecnología y por la poca confianza que tenía la sociedad hacia la posibilidad de generar algún cambio estructural e institucional.

Foto Guadalupe Carril
Foto Guadalupe Carril



En el hostel de Calafate, conocí a quienes serían mis compañeros de excursión para llegar al glaciar Perito Moreno. Los viajeros eran, en su mayoría, europeos. La aparición de Máxima en Europa había provocado que muchos ciudadanos del viejo continente se hayan interesado por conocer el país más austral del mundo. Una de mis compañeras de cuarto fue una señora holandesa que, felizmente, llegó al hotel con parte del merchandising de la boda real. Gran impacto tuvo al enterarse que la novela romántica que le habían contado los medios de comunicación en Holanda, no coincidía con la realidad que marcaba la historia argentina. Parece ser que, a la novia del príncipe Guillermo de los Países Bajos se la presentó socialmente (desde los medios masivos) como una bailarina de poledance latina de la cual, el miembro de la familia real se había enamorado locamente.

La sudamericana con su gran sonrisa y su espontaneidad supo cautivar al pueblo holandés, y a la dinastía Orange, creando una historia de amor al mejor estilo “Cenicienta”. Donde, el anhelado príncipe azul le cambiaba la vida a la plebeya de América del Sur. En esa fábula se encontraba la aplaudida flexibilidad y apertura de la corona que accedió a tener entre sus miembros una mujer latinoamericana y, hasta, la posibilidad de dar a luz a la futura descendencia real y convertirse en reina del país, sin tener sangre azul. Pero al llegar a la Argentina, la señora que alegremente venía a conocer la tierra que vio nacer a su nueva monarca, se enteró que la supuesta bailarina de boliche, en realidad formaba parte de la clase alta de Argentina y que gozaba de los beneficios de la aristocracia porteña y, hasta, que su padre había trabajado para aquellos militares genocidas que tanto daño le hicieron a nuestra sociedad.

Luego de la anécdota, que siempre encuentro oportuna rememorar y, de paso, mostrar la parcialidad o fantasía que pueden llegar a crear los medios (y que el público puede tomar como verdad absoluta) me dispongo a narrar la experiencia de visitar el glaciar más lindo del mundo.

La fama del Perito Moreno se basa en que es uno de los pocos glaciares que se encuentra en continuo crecimiento. Sin pasar inadvertido que esa masa de hielo es lo que nos hace propietarios de un recurso tan preciado en este planeta como es el agua. El sur del país, al igual que Chile, Antártida y también las Islas Malvinas, cumplen una función casi vital para continuar la subsistencia en la Tierra.

Si bien podría detenerme en la belleza, en el paisaje, en la inmensidad que es la Patagonia argentina, es importante no perder el foco en lo trascendente del cuidado de nuestra tierras y recursos naturales. Porque en países como México ya se vendieron la mayor parte de los recurso naturales y en Chile, se brindó la posibilidad de explotar la coordillera y derretir el agua dulce de estos hielos eternos para la búsqueda de oro, magnesio, litio, cobre, etc. Entonces, esta belleza natural, este recurso preciado, esta fuente de vida, está acabándose en el mundo entero y nosotros tenemos aún un poco pero no lo estamos cuidando.

Chaltén, poder poner límites

A principio del 2002, el Chaltén sólo tenía una panadería, un locutorio y algunos hoteles que comenzaban a vislumbrar un destino, que de a poco, se estaba convirtiendo en un centro turístico elegido por escaladores y amantes de la naturaleza patagónica. En ese entonces, las calles eran de tierra, la poca población y el joven pueblo aún no estaba colapsado por las visitas que fueron creciendo y generando un importante flujo de turistas.

Foto Guadalupe Carril
Foto Guadalupe Carril

La creación de este municipio fue en 1985 cuando el entonces gobernador de Santa Cruz, Arturo Puricelli, a raíz de la necesidad de poblar la zona cordillerana para delimitar la frontera con Chile, tomó esa decisión geopolítica. Finalmente en 1994 un jurado internacional falló a favor de Argentina sobre la soberanía del Lago del Desierto y el Chaltén se hizo conocido. Para principios del 2002, los habitantes no superaban las 500 personas, pero las cumbres, los glaciares y la vista del Fitz Roy hicieron que, ese lugar detenido en el tiempo, se convierta en un destino reconocido mundialmente.

A 15 años de mi primera visita a Calafate y el Chaltén, el cambio que se produjo en la zona fue avasallante, el incremento turístico y crecimiento de los pueblos hizo que aquella aerolínea LAPA, que al poco tiempo quebró, sea reemplazada fácilmente por cientos de vuelos mensuales de Aerolíneas Argentinas y Lan ya que, conocer las maravillas del fin del mundo pareciera ser el anhelo de miles de extranjeros y argentinos. 

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