Resto del mundo

Xilitla, un lugar mágico con un castillo surrealista

El país de las Maravillas existe y se encuentra en México. Allí, en San Luis Postosí, el escocés Edward James, gran amigo de Salvador Dalí, creó un verdadero jardín del Edén.

Foto Gaby Guerrieri
Foto Gaby Guerrieri

Cuando Alicia tomó la píldora, todas las fantasías que ella creía hallar en su imaginación se volvieron reales. Algo parecido ocurre al visitar la Huasteca, en San Luis Potosí.

Esta provincia mexicana es reconocida por la presencia allí de los indios Huicholes: cultura originaria de América que obtuvo una gran fama cuando el antropólogo peruano, Carlos Castaneda, narró en sus libros sus experiencias con el peyote.

Foto Gaby Guerrieri
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A unas seis horas del desierto donde crece esa planta sagrada, se encuentra la zona más húmeda de San Luis Potosí, llamada Huasteca potosina. Uno de los pueblos más famosos de ese recorrido es Xilitla.

El sitio escondido entre montes, cascadas y una densa vegetación, fue elegido por el escocés Edward James para realizar una gran obra surrealista: un castillo encantado.

Foto Gaby Guerrieri
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El artista, amigo de Salvador Dalí, quería crear un jardín del Eden en medio de la extensa naturaleza de la tierra mexicana.

Hoy, su obra es reconocida como “Las Pozas de Edward James” o “El Castillo Surrealista”. Desde esa creación, Xilitla es visitada por miles de personas que disfrutan, año tras año, la magia de un lugar donde las mariposas parecen gigantes y las plantas invaden los caminos de piedras.

Foto Gaby Guerrieri
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“El Castillo” consta de 36 estructuras en una superficie de 320.000 metros cuadrados. Son 40 hectáreas donde el cemento comienza sin fin y sin lógica, en medio de cascadas y abundante vegetación. Escaleras sin techo, túneles sin dirección, vigas que copian formas de flores, puertas sin destino y paisajes naturales que se entremezclan con la edificación surreal de un cuento de hadas.

Recorrer los senderos del lugar, hace ver a cualquier turista pequeño entre tanta inmensidad y hasta, a veces, sentirse parte de la película “Querida encogí a los niños” o “Alicia en el país de las Maravillas”. Allí el conejo puede aparecer en cualquier momento, así como la hoja de una planta puede ser usada de paraguas para cubrirnos de la repentina lluvia.

Foto Gaby Guerrieri
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Y si el agua no viene del cielo, Xilitla es tan mágica que tiene un árbol llorón. Al pasar debajo de su copa la lluvia se activa como si fuera una luz por aproximación, aunque la diferencia -en este caso- es que el sensor es la propia naturaleza. Lugar recomendadisimo para cualquier habitante del mundo. 

Foto Gaby Guerrieri
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