Argentina

Un viaje por los caminos de San Martín

Cuando el libertador decidió realizar su consagrada estrategia para vencer al enemigo, optó por recorrer paisajes únicos y difíciles de transitar para el ser humano: El cruce de los Andes. Latitudes estuvo ahí y te cuenta lo que significa haber caminado la misma ruta que José De San Martin.

Foto Guadalupe Carril
Foto Guadalupe Carril

Muchas veces pensamos que es imposible visitar ciertos lugares en el mundo. Hace 199 años, cruzar a Chile desde Argentina era una locura que no muchos se iban animar a realizar. El deseo de libertad y la estrategia de José de San Martin hicieron posible que los hombres que contituían su ejército iniciaran una ventura épica por caminos vírgenes e intransitables en la bella cadena montañosa del sur del continente americano.

Estar en los Andes a casi 200 años de la batalla de Chacabuco, no sólo significa honrar y entender el esfuerzo y el mérito de la hazaña libertadora, sino también recorrer paisajes únicos desde alturas extremas, con vistas que no existen en otros sitios y, lo más importante, sin la intervención de la mano del hombre.

San Martín pensó varias rutas para que su ejército transite la cordillera, las columnas de militares se esparcieron desde las provincias de San Juan y Mendoza, siendo el camino del Valle de los Patos el elegido por el general para sorprender a la corona española al llegar a Chile.

Este recorrido se encontraba en el medio de las otras dos columnas y consta de una subida al cerro Espinacito con altura superior a los 4500 metros. Desde allí se puede apreciar la belleza del Aconcagua, la punta más alta de América con 6959 metros.

Entre rocas y cumbres, la gama de los marrones y naranjas copan el paisaje. El cambio es abrupto al llegar al Valle de los Patos y ver como florece el verde en medio de las montañas. Hasta se encuentran pequeños arroyos de agua de deshielo, lo que transforma el sitio en un lugar grato para el asentamiento humano.

El cruce de los Andes

Luego del descanso en el Valle, el camino hasta el límite con Chile se vuelve más emocionante, las subidas y bajadas no serán tan empinadas hasta toparnos con la Honda. El frío y el viento en esa cumbre demuestra la inmensidad de la naturaleza y la pequeñez del ser humano. El camino a caballo se detiene y la marcha se alentiza para poder pisar firme y seguro. Los hielos eternos se aproximan y el ruido del aire bloquea cualquier otro sonido de la montaña. El sol, el viento, la altura, el frío: La cordillera domina la situación, sólo basta saber que ella tiene el poder.

El cruce sanmartiniano fue una loca idea que se transformó en un ejemplo de estrategia y fue el paso fundamental para la libertad de los pueblos del sur. Hoy, esa locura se hace realidad al pisar ese suelo tan nuestro y tan alto. Una de las partes de la geografía sagrada para tantas civilizaciones originarias, se encuentra en nuestra tierra, en nuestro país. 

El cruce de los Andes II

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