Argentina

Vuelo libre: los mejores lugares para hacer parapente y ala delta

Hay muchas opciones para hacerlo con seguridad en la Argentina y los países vecinos.

Gentileza Secretaría de Turismo La Rioja.
Gentileza Secretaría de Turismo La Rioja.

La posibilidad de volar sin motor está al alcance. Es fácil (no hacen falta conocimientos, ya que se viaja con un piloto que comanda el parapente o el ala delta), el costo es accesible, hay gran cantidad de información disponible y también existe la posibilidad de capacitarse con instructores preparados y federados. Sin embargo, hasta hace un par de décadas la situación era opuesta.

Oscar Rodríguez es propietario de una escuela de parapente en el Mirador de Los Cóndores, en la localidad de Carpintería, San Luis (muy cerca de Merlo). Tiene 52 años y hace 22 que se aprendió a volar en parapente. “Los principios fueron medio kamikaze porque no había mucha información y en el mundo no estaba desarrollada la actividad. Con un amigo teníamos una base de paracaidismo y pensábamos que era fácil pero no es así”, rememora. Se tiraban solos, improvisaban y probaban. El vuelo terminó modificando su vida, al punto que se mudó de la Río Cuarto natal a su actual residencia, en la cima de la montaña y a 20 minutos del centro de Merlo.

Gentileza Secretaría de Turismo La Rioja.
Gentileza Secretaría de Turismo La Rioja.

Su colega Flavio Galliussi (49), de Buenos Aires, tuvo un inicio comparable pero con menos suerte: “La primera vez me quebré un brazo”, recuerda. “Durante tres años estuve buscando dónde aprender a volar en ala delta. Compré un ala delta roto, lo reparé a mi criterio y fui a Córdoba con un amigo”. Al tratar de despegar tropezó y se hirió: “Si hubiese despegado, no hubiera sabido qué hacer; en esa época no había instructores, prácticamente no existía Internet y no había revistas” sobre el tema, confiesa sobre su primera incursión, hace 29 años.

Las caídas y aterrizajes en las copas de los árboles se sucedieron hasta que, de a poco, creció el número de pilotos. En el caso de Galliussi, se mudó a Australia para trabajar en una fábrica de ala deltas, donde terminó probando los productos y compitiendo. Luego, viajó a Estados Unidos para emplearse en un centro de vuelo en donde usaban pequeños aviones para los despegues, un sistema que más tarde importó a Buenos Aires: “logramos reemplazar la montaña”, se enorgullece.
Así, montó la escuela Fly Ranch, cerca de La Plata, donde utiliza aeronaves para remolcar los ala deltas hasta entre 700 y 900 metros sobre el nivel del mar. Allí sueltan los aparatos y comienzan a volar de forma convencional.

Volar como pájaro

En Buenos Aires se gana altitud gracias al remolque de aviones ultra lentos. Gentileza Fly Ranch
En Buenos Aires se gana altitud gracias al remolque de aviones ultra lentos. Gentileza Fly Ranch

“El ala delta, al poseer estructura rígida, tiene más velocidad y permite hacer mayor distancia. El placer más grande de volar es en ala delta por la posición: uno va boca abajo y va teniendo la sensación de volar como un pájaro”, opina el propietario e instructor de la Escuela de Vuelo Libre Águila Blanca, de La Rioja, Hugo Águila (49), que cuenta con 34 años de experiencia y 30 como instructor.

El parapente, por su parte, es totalmente flexible. Está hecho de tela y cuerdas de alta resistencia. Su ventaja es que se puede plegar para transportar en una mochila. El piloto vuela sentado o semi acostado boca arriba, y controla la nave mediante comandos en las manos, movimientos del cuerpo y un acelerador en los pies. Creado por paracaidistas franceses que se tiraban desde laderas de montañas a mediados de la década del 80, su denominación significa paracaídas de pendiente.

“El parapente tiene muchas ventajas: lo ponés en la mochila y lo llevás en colectivo. Lo armás y desarmás en menos de cinco minutos. Con el ala delta te hace falta un auto y alguien que te busque... La mayoría se pasó a parapente por lo versátil del aparato”, reflexiona Oscar Rodríguez.

Gentileza Fly Ranch
Gentileza Fly Ranch

El titular de la escuela Tucumán Parapente, de la provincia homónima, Eduardo Deheza, coincide con esa visión -a pesar de su mayor gusto por el ala delta- y agrega que “es lo ideal para comenzar porque es mucho más práctico. Todo el equipo pesa entre 15 y 20 kilos, en cambio el ala delta pesa 50 kilos. Algunas velas se pliegan hasta 2,5 metros pero siempre el traslado tiene que ser con auto”.

Deheza realizó su vuelo de bautismo para festejar sus 25 años de vida, hace 3 décadas. En consecuencia, el 19 de octubre de 2015 celebró, a la vez, 55 años de vida y 30 de vuelo libre. Para el festejo reunió a sus amigos íntimos y a los pilotos que conoció durante las últimas tres décadas que, por cierto, pasaron volando.

Gentileza Fly Ranch
Gentileza Fly Ranch

¿Dónde hacer un bautismo?

La Federación Argentina de Vuelo Libre agrupa a la totalidad de instructores y escuelas del país, cuyos nombres y datos de contacto figuran en el sitio de Internet de la misma (www.favl.org.ar). Por eso, para hacer un vuelo de bautismo o un curso, es fundamental revisar que quien esté a cargo del mismo se encuentre federado.

Los bautismos se hacen en numerosas provincias y se utilizan aeronaves biplaza. Están comandadas por un instructor, mientras que el pasajero se dedica a disfrutar. No hay límites de edad o condición física. Los precios rondan entre 1.200 y 2.000 pesos, y hay muchos lugares donde van a buscar al pasajero al hotel y lo llevan de regreso. En muchos casos, las escuelas cuentan con los seguros correspondientes. Los vuelos de ese tipo duran un promedio de entre 15 y 30 minutos.

Iquique. Gentileza Ministerio de Turismo de Chile.
Iquique. Gentileza Ministerio de Turismo de Chile.

Tucumán, Cerro San Javier:
Muy buenas infraestructura, térmicas y paisajes. Como contra llueve bastante, sobre todo en temporada estival.

Córdoba, Cuchi Corral:
Cerca de La Cumbre, en las Sierras de Córdoba, en una zona con muchos servicios turísticos. Aunque lluviosa en verano, tiene excelentes características para el vuelo y albergó el campeonato mundial de parapente.

La Rioja, Cerro de la Cruz, ciudad capital:
Muy buenas condiciones de viento. A eso se suma el clima seco y cálido, que permite volar casi todos los días del año. Ideal si se cuenta con el tiempo justo.

Mendoza, Cerro Arco:
Buenas condiciones y precipitaciones escasas. El único inconveniente es que no se puede volar cuando sopla el zonda.

Río Negro, El Bolsón:
Térmicas muy abundantes por la tarde y vientos casi constantes. Lo negativo es que el clima en la Patagonia es muy duro en invierno. Abundan las lluvias y, a veces, el viento es fuerte.

San Luis, Merlo y Carpintería:
Muy buenas instalaciones en el Mirador del Cóndor, con confitería y la posibilidad de hacer cabalgatas, tirolesa y otras actividades si el clima no permite volar. El balcón tiene un desnivel de 1150 metros, siendo el más importante del país. La contra es que el clima impide volar en muchas ocasiones (aunque más de la mitad de los días sí lo permite).

Buenos Aires, La Plata:
En Fly Ranch se despega remolcado con aviones (solo se hace ala delta), un sello que lo diferencia de las zonas de montaña. Lo negativo: suele haber vientos fuertes que impiden volar.

Chile, Iquique:
Hay varios lugares en el país trasandino para practicar parapente (el ala delta es menos popular) y, de todos, el mejor es Iquique. En un marco de mar y montaña, se vuela casi todos los días.

Brasil, Brasilia:
Brasil es el sitio de Sudamérica donde más se practica el vuelo libre. Los lugares son muchísimos y su capital es ideal por vientos, lluvias escasas e infraestructura. No obstante, en la costa también se vuela y con el plus de la playa.

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